Menu

Latinos for Trump y otras crónicas marcianas de EEUU

Sin categoría

Latinos for Trump y otras crónicas marcianas de EEUU

Latinos for Trump y otras crónicas marcianas de EEUU

Cuando pienso en los Estados Unidos de América tengo sentimientos encontrados; me pregunto cómo se sacan de la manga cosas tan maravillosas, desde la grandeza de Google hasta la cotidianidad de unas Huarache, y cómo al mismo tiempo insisten en dejarse en ridículo.

Si se sabe buscar bien en ese gran cajón de sastre de la América Profunda, por poner un ejemplo, a veces uno llega a pensar que el mundo como lo conocemos es un Show de Truman y que no fueron los ingleses, sino los extraterrestres, quienes llegaron en 1607, se olvidaron de las trece colonias y se asentaron en algún lugar entre Alabama y Georgia para reproducirse.

A Jack Daniel’s no lo quieren ni en su casa

La legendaria destilería Jack Daniel’s se encuentra literalmente en el medio de la nada, rodeada de cientos de hectáreas de hierba; y el líquido dorado que ha supuesto el orgullo y renombre de la pequeña ciudad de Lynchburg, en el condado de Moore, Tennessee, es a su vez un producto prohibido por la ley local.

Una de las lindezas del modelo federal de Estados Unidos que aporta una preciosa diversidad y cierto morbo al tema de las jurisprudencias, es que cada estado puede tener leyes contradictorias, cambiantes incluso de condado a condado. Del mismo modo que el matrimonio gay o la pena de muerte son legales en algunos estados y en otros no, la ley seca, resquicio histórico de la época gángster, sigue existiendo en algunos condados del sur y es la gran victoria de muchos dirigentes locales reaccionarios del viejo oeste. El “aquí estoy yo” de los condados más inconformistas a los que aún les sabe más amarga que el whisky la inaceptable anexión al norte que vivieron sus tatarabuelos.

Ante la incongruencia de que en el condado de Moore no se pueda comprar alcohol, los ciudadanos se acercan a los confines con los condados vecinos, y compran whisky (perdón, Reverte, güisqui) a cascoporro. Por su parte, la destilería se inventa alguna triquiñuela legal para sortear la ley seca al menos parcialmente y vender sólo a autorizados.

Tu malestar me da alaaaaaas

Todas estas contradicciones interestatales son algo más que la fuente de inspiración de la mitad de los capítulos de Ley y Orden; suponen conflictos reales y hacen que la cuestión de que los Estados Unidos no estén tan unidos se convierta en un problema latente.

Si todo ese malestar se aprovecha con astucia y se suma a las eternas hipotecas de 2008, si alguien que ha triunfado en “términos de un americano de 1950” y tiene una fortuna tan grande que él mismo probablemente desconoce su magnitud; si viene esa persona y, sin ningún filtro, empieza a decir abiertamente y sin pelos en la lengua lo que piensa en el fondo de toda la gente de a pie de las Carolinas para abajo, ¿a quién le parece tan raro que en el 1600 de la Avenida de Pensylvania esté la residencia de los Trump? 

Como si los negros votaran al KKK

Tampoco voy a meterme en ese berenjenal, ni voy a tratar un tema trillado hasta la saciedad; me interesa más el extraño colectivo de los Latinos for Trump, esos americanos de ascendencia latina, en tierra de nadie, de segunda o incluso primera generación, que se presentan como amantes empedernidos de Trump. Este tema, que aunque todavía constituye un territorio casi inexplorado, ha sido ya abordado por algunos periodistas españoles, y en algunas entrevistas los resultados son casi escalofriantes.

En pocas palabras, los latinos del clan Trump defienden, en un mal spanglish, que ellos son el sueño americano. Que ellos entraron en el país legalmente y escalaron peldaños, aguantando el desprecio, y en el mejor de los casos la indiferencia, de las élites blancas. Y por fin un buen día se sintieron en el otro lado, y los vecinos ya los saludaban, y sus hijos ya iban al colegio con niños anglosajones, y una vez probada la miel de ese otro lado olvidaron lo que se sentía cuando se es un muerto de hambre que arriesga su vida porque no tiene nada que perder, en busca de un futuro mejor.

Otro testimonio impresionante recogido en un reportaje de Josep Cuní era el de una mexicana que ayudaba al pastor de una iglesia texana y se jactaba de predicar la palabra de Dios. Declaró que “Trump había sido designado por Dios”, que ella estaba segura y que “había sido enviado para ayudar al pueblo americano, a todos, porque no olvidemos que los latinos también son americanos”. De toda esa burumballa de palabras atragantadas sólo se sacaba en claro la ignorancia de un fervor religioso exacerbado, mezclando churras con merinas y farfullando argumentos carentes de ningún rigor, ni político ni religioso.

Por último, me quedo con otro testimonio a propósito de otro de los temas estrella de Trump. Una votante latina de Miami, territorio donde los Latinos for Trump son bastantes, explicaba tranquilamente mientras se compraba un helado de la mano de su marido que Clinton era una mentirosa y no quería que la primera mujer presidenta de los Estados Unidos fuera esa embustera, que “no es un ejemplo positivo para mi hija, you know?” Y lo de grab them by the pussy? Si te he visto no me acuerdo.

Como agencia creativa nos resulta casi divertido imaginar cómo conectar dos conceptos antagónicos, como son en principio los latinos y Donald Trump, en un diseño para una pancarta presidencial. Sin embargo, parece ser que no es tan descabellado, que existen “abogadas de los derechos humanos” en Miami, nacidas en la República Dominicana, que defienden públicamente y votan a Donald Trump; que un tercio del voto hispano fue para alguien que no diferencia El Salvador de Guatemala y que el mundo es un lugar plagado de realismo mágico condenado a cien años de soledad.

 

0 Comentarios Deja una respuesta

    Deja un comentario

    Tu comentario(click button to send)

    Siroppe Digital
    Compartir