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La hipocresía que insulta a tu inteligencia. Facebook, Microsoft y otros liers del montón.

Comunicación, Estrategia

La hipocresía que insulta a tu inteligencia. Facebook, Microsoft y otros liers del montón.

La hipocresía que insulta a tu inteligencia. Facebook, Microsoft y otros liers del montón.

Vivimos en un mundo hipócrita. La RAE no puede dejarlo más claro. No es nada nuevo. Ocurre algún acontecimiento con repercusión o se acerca un día señalado y no hay más que salir a la terraza de un bar, la parada del metro o, sobre todo, ir a las cronologías de Twitter o Facebook para darse cuenta. Cualquier situación es suficiente para que, aquellos mismos que echan la vista a un lado y se hacen los locos cuando Save the Children les ruega una ayuda para curar la desnutrición del pequeño Kayembe, saquen a relucir la bandera de la moralidad, esa misma que tienen cogiendo polvo el resto de días del año. Todos quieren la verdad, pero nadie quiere ser honesto.

La hipocresía empresarial

Y que no te engañen, las empresas no son entes abstractos con personalidad propia. Son organizaciones con una o varias cabezas pensantes tras de sí, y, si hipócritas las personas, hipócritas las empresas. ¿No estás cansado/a de ver cómo a las compañías se les llena la boca al hablar de responsabilidad social corporativa, pero luego se les nubla la vista cuando encuentran el mínimo resquicio legal a través del cual ahorrar unos cuantos miles de euros en impuestos? Unos impuestos que el propio Estado podría estar utilizando en beneficio de la sociedad, sí, pero queda más bonito sin son estas empresas las que los recaudan y los destinan a lo que ellas creen -o quieren hacernos creer- que es el beneficio social. La cruz en el pecho y el diablo en los hechos.
Pues así, todas. Las palabras de Mark Zuckerberg desde que creó Facebook, llenas de cordura y sabiduría, podían llevar a pensar que fue concebido por la mismísima Minerva. Pero nada más lejos de la realidad. Cambridge Analytica es solo la gota que ha colmado el vaso. Su plataforma permite que miles de organizaciones accedan a los datos que cediste a Facebook con el fin de que tus amigos puedan encontrarte fácilmente y se te ofrezca contenido personalizado. Lo habrás escuchado millones de veces: si algo es gratis, tú eres el producto.
El sector de las tecnologías de la información y la comunicación maneja volúmenes ingentes de datos, por lo que no es extraño que la mayoría de las vulneraciones a nuestros inquebrantables derechos se concentren ahí. Según reza la página web de Microsoft, su misión -el fin último de la empresa, por el cual se rigen sus actos- es “Ayudar a las personas y las empresas alrededor del mundo a desarrollar todo su potencial”. ¿El resultado? 899 millones de euros de multa de la Unión Europea por cobrar un precio excesivo por la información que suministra a sus rivales para que puedan fabricar productos compatibles con su sistema operativo Windows. Por lo visto, sus competidoras no se incluyen dentro de “las empresas alrededor del mundo”. Y no, no pido que le regales a tus competidores el oro y el moro, las empresas no funcionan precisamente siendo madres de la caridad. Pero por el amor de dios, no pongas en tu carta de presentación que eres el hada mágica del beneficio social y luego apuñales todos y cada uno de los preceptos de la libre competencia.

Juegan con tus ideales
Pero la cosa no se queda solo en situaciones concretas. Las empresas aprovechan cualquier causa moral para sumarse de forma superflua y lavar un poco su imagen.
Mattel ha contribuido como nadie a la frustración de millones de mujeres de varias generaciones por no ajustarse a los estándares occidentales de belleza, pero últimamente está sacando ediciones especiales de sus conocidas muñecas con lo que supuestamente pide la población. Pero, como la propia palabra indica, eran ediciones “especiales”, es decir, poco corrientes. Y lo que no es corriente, no es normal. Y lo normal para Barbie es ilustrar absolutamente todo lo que hace con mujeres que no son normales. Precisamente, con mujeres que cumplen esos cánones que han reprimido los sueños de tantas niñas de ser felices consigo mismas.
Y ahora, intentan arreglarlo con acciones que no hacen más que configurar la excepción que confirma la regla. Unas cuantas muñecas realistas o una edición limitada de muñecas inspiradas en importantes e influyentes mujeres de la historia no van a cambiar lo que llevan años demostrando: que, para la marca, lo normal es ser excepcional.

Nosotros también tenemos lo nuestro.

Si quisiera, podría pasarme el día entero hablando de más casos (McDonald’s, Johnnie Walker, KFC…), y es que los hay para aburrir, porque, como ya hemos comentado, no son casos aislados, sino la manifestación de la forma de vida que impera en la sociedad. Las empresas son dirigidas por gente hipócrita que vende sus productos a clientes hipócritas, ¿cómo no iban a serlo estas? Por desgracia, lo normal es ser hipócrita, y solo hay algo más hipócrita que ser hipócrita, y es hacer como que no lo eres.

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