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Guía ilustrada de los rostros feministas de la literatura

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Guía ilustrada de los rostros feministas de la literatura

Guía ilustrada de los rostros feministas de la literatura

Aunque sea algo que te cueste creer, también se puede ser muy feminista sin la necesidad de enseñar las tetas para hacer patente tu feminidad al mundo. También puedes incluso depilarte las axilas sin que pase nada, más allá del origen indiscutible que ese hábito pueda tener efectivamente. Existen mujeres que se sienten feministas sin necesidad de resultar recalcitrantes, porque no tienen el complejo de expresarlo explícitamente a la sociedad ni un petardo en el culo, apremiante a cada hora como un reloj de cuco, que les recuerde que tienen que hacer referencia al patriarcado en el que vivimos en cada frase que escupan con saña.

Después de este párrafo a modo de preámbulo, más que listo y preparado para el hateo de mujeres enfurecidas de sobacos fosforescentes, introducimos oficialmente en nuestra rica cultura de las letras y la ilustración una obra que no ha pasado indiferente en los Estados Unidos y que se ha convertido en un signo feminista para las neoyorquinas; más refinado y quizá con un objetivo algo más claro en la causa que la exaltación de una mancha de sangre menstrual en unos pantalones blancos.

El caso es que existe el hecho histórico y aplastante de que los hombres, de manera más o menos consciente, han asignado a la fuerza un papel nimio a las mujeres en la sociedad, manteniéndolas alejadas de la vida intelectual y recluyéndolas en las cocinas, con delantales manchados de mermelada de albaricoques y limpiando suelos de rodillas; aceptando su rol de madre y esposa sin rechistar media palabra.

Clean, fuck, give birth, repeat.

Sin embargo, la ilustradora de Brooklyn Samantha Hahn le ha dado un par de vueltas al tema y, detrás de la claridad casi meridiana del hecho, ha descubierto que en las pocas sombras que albergaba las mujeres sí que resultaron en algunas ocasiones trascendentales en la historia, si bien de manera implícita y por supuesto a escondidas de la amenazante mano masculina que estiraba con fuerza de una corta correa casi palpable.

Concretamente, la autora ha recogido en un catálogo, visualmente maravilloso, lleno de color y matices, las mujeres de la historia de la literatura; los personajes femeninos de las grandes obras más aclamadas de todos los tiempos, mujeres que adquirían un peso decisivo sobre los varones en sus historias, escritas por mujeres y por hombres. Madame Bovary, Ana Karenina, Elisabeth Bennet u Ofelia, de Hamlet, son algunas de esas mujeres que casi sin darse cuenta nos regalaban frases con una trascendencia mayor a la intencionada, manteniéndose como fuente inspiradora femenina hasta nuestros días.

Hahn recoge esas frases pronunciadas por ellas en los diálogos cruciales de esas obras, de a menudo liderados enteramente por ellas y centrados en su punto de vista, y los acompaña de ilustraciones de acuarelas frescas en las que dota de un rostro y belleza a esos personajes femeninos que luchaban sin casi saberlo para hacerse tomar en serio.

Te traemos una selección de este catálogo feminista literario, merecedor de estar en la estantería de tu librería para ser consultado cada vez que necesites redescubrir el feminismo literario de la manera más gráfica y hermosa posible.

Portada del libro Well-read women: Portraits of Fiction’s Most Beloved Heroines, por Samantha Hahn.

“Te quiero, Nicky, porque hueles bien y conoces a gente tan fascinante…”

El hombre delgado, Dashiell Hammett.

“Su corazón estaba como desbocado, y dije sí. Quiero, sí.”

Ulises, James Joyce.

“Fingir no ver a un caballero es algo bastante fácil, pero fingir no ver a dos es una hazaña bastante difícil”.

Los caballeros las prefieren rubias, Anita Loos.

“Las leyes y principios no están hechos para los tiempos en que no hay tentación…”

 Jane Eyre, Charlotte Brontë.

 

“Dado que mi partida por esta oscura travesía te vuelve tan triste y solitario, de buen grado me quedaría, aunque débil y fatigada, para vivir solamente por tu amor.”

La historia de Genji, Murasaki Shikibu.

“Es como si pudiera hacer lo que quisiera cuando algo me apasiona. Me vuelvo tan salvaje. Podría herir a quien quisiera y disfrutarlo”.

Mujercitas, Louisa May Alcott.

” ¡Qué mañana! -fresca como si fuesen a repartirla a unos niños en la playa.”

La señora Dalloway, Virginia Woolf.

“Renunciaría a lo innecesario de la vida; renunciaría a mi dinero, renunciaría a mi vida por mis hijos; pero nunca renunciaría a mí misma”.

El despertar, Kate Chopin.

“Muy bien. Me alegro de que sea una niña y espero que sea una estúpida- eso es lo mejor que una chica puede ser en este mundo. Una pequeña y bella estúpida.”

El Gran Gatsby, F. Scott Fitzgerald.

“De lo que quiera que nuestras almas estén hechas, la suya y la mía son iguales”.

Cumbres borrascosas, Emily Brontë.

“Hay algo bastante desmoralizador cuando se ven dos personas que se vuelven cada vez más locas la una por la otra, especialmente cuando tu eres la persona que está de más en la habitación”

La campana de cristal, Sylvia Path.

“Oh, no te muevas! No hables! Mírame! Algo dulce emane de tus ojos que me ayuda mucho!”

Madame Bovary, Gustave Faubert.

“Esta sensación de languidez, debilidad, estupidez, esta aversión a sentarme y emplearme a mí misma, este sentimiento en cada cosa aburrida e insípida de la casa. Debo de estar enamorada, si no lo estuviera sería la criatura más vieja del mundo, al menos por unas pocas semanas.”

Emma, Jane Austen.

“Ves mi ignorancia, mis errores, la manera en la que deambulo como si el mundo me perteneciera, simplemente porque – porque está en mi poder hacerlo.”

Retrato de una dama, Henry James.

“El amor debería estar permitido. Yo apouesto todo por él.”

Desayuno con diamantes, Truman Capote.

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