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RAE: Tu abuela ya puede decir almóndiga sin reproches

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RAE: Tu abuela ya puede decir almóndiga sin reproches

RAE: Tu abuela ya puede decir almóndiga sin reproches

Como cada jueves en el número 4 de la calle Felipe IV, entre un aroma casi regenerador a hierba recién cortada del Retiro y un estruendo caótico de cláxones del Madrid centro de las 8 de la mañana, la Santa Inquisición de las letras españolas se reúne a deliberar sobre las cuestiones trascendentales que amenazan nuestro idioma.

Lo mejorcito de nuestra casa en el arte de escribir, desde un Vargas Llosa hasta un Javier Marías o un mítico Pérez-Reverte, se sientan en sus sillones de la A a la Z con la misión de velar por que los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico”.

Leyendo estas líneas, resulta casi evidente y justificado que los integrantes de la academia hayan demostrado en tantas ocasiones una obsesión casi patológica por españolizar de alguna manera, a veces la más ridícula posible, palabras nacidas en otras lenguas, para no incumplir su misión como supermanes castizos de la lengua española.

Otra de las tendencias que últimamente ha ido adquiriendo la RAE es la de aceptar lo que toda la vida ha sido un vulgarismo por el simple hecho, para la academia aplastante, de que exista un número significativo de hablantes que utilice el término en cuestión.

Muy conscientes de que hoy en día utilizamos tranquilamente algunas palabras que en su día fueron nuestra cocreta de hoy, abrimos el debate de hasta qué punto las inclusiones de algunos términos vulgares o españolizaciones imposibles sean acciones que realmente velen por la unidad de nuestra lengua o se trate simplemente de bajarse los pantalones hasta los tobillos porque “es que no está bien pero como todos lo dicen…”

En este post te dejamos los términos más sorprendentes que se han integrado últimamente en nuestros diccionarios.

Toda palabra que quieras decir la puedes decir en español, y si no me la invento

Sí, aunque vayas a hablar de un tecnicismo de un deporte completamente minoritario en casi todos los países hispanohablantes, como es el home run del béisbol que ahora se llama jonrón. Ni siquiera se ha asimilado la m, simplemente jonrón, y a otra cosa, mariposa.

Una para agarrarse fuerte al asiento es bluyín o yin, término que se utiliza comúnmente en Hispanoamérica para designar nuestros “vaqueros”, salvando un pequeño detalle; que ellos se refieren a blue jeans.

Aunque parezca sacado de alguna línea de Cletus, el personaje de Los Simpson, cederrón es la manera correcta de decir en español aquel CD-ROM que utilizábamos para hacernos nuestra colección de canciones para el coche antes de irnos de viaje.

Otra españolización estridente que, como agencia creativa, nos costaría incluir en alguna creatividad o flyer, es la que antes se decía de guasa, quizá utilizada como herramienta para crear un meme, burlarse de la ortografía de un amigo y así desenganchar una carcajada fácil del resto del grupo. Y ahora, poca broma con Güisqui. Aunque roce el mal gusto, es completamente correcta; es más, es la opción correcta,debido a que el viejo whisky es un anglicismo y se debe escribir en cursiva, porque existe una necesidad apremiante de escribir todo en español estricto para hablar correctamente y la máxima flexibilidad permitida en estos casos es la triste cursiva de un extranjerismo prestado.

Como pecadillos, incluimos algunos términos algo menos llamativos, antes con dobles consonantes propias de otras lenguas, que no causaban ningún dolor a los hablantes de toda la vida que teníamos esos términos extranjeros abominables completamente metabolizados. Grafiti, friqui o confeti son algunas de esas pequeñas grandes victorias.

Vulgarismos, mezclaos en la fiesta  y pelillos a la mar

La RAE ha aceptado algunas palabras o formas verbales que antes eran incorrectas y ahora han adquirido ese estatus de corrección, pero todavía son vulgares. ¿Esto cómo se traga? Simplemente, aquellos términos poco ortodoxos pero muy utilizados, con el propósito de mantener la unidad de los hablantes y para que los que hablan vulgarmente puedan jactarse de hacerlo a sus anchas, vamos a aceptarlos. En deferencia a la otra cara de la moneda, es decir, a aquellos hablantes que sí se esforzaban por hablar bien, puntualizaremos que es un vulgarismo, que es correcto en español pero sólo en los registros vulgares. Traducción: carta blanca para usarlos; ¡y lo que cuesta que a la Vecina Rubia le acepten su “pelazo”!

Aquí recogemos las joyas de la corona, dignas de la princesa del pueblo, nuestra querida Belén Esteban.

  1. Palabro: hace referencia a una palabra extraña o mal dicha.
  2. Papichulo: procedente de Paraguay, México y Puerto Rico, este coloquialismo hace referencia a un hombre que, por su atractivo físico, es objeto de deseo.
  3. Almóndiga: haciendo referencia a la palabra albóndiga, este término ha sido aceptado como vulgarismo.
  4. Asín: vulgarismo de la palabra así.
  5. Culamen: la RAE ha aceptado una versión más vulgar que hace referencia a las posaderas o nalgas.
  6. Descambiar: el término significa: deshacer un cambio.
  7. Toballa: toballa y toballeta se corresponden con las palabras toalla, y servilleta. Ambas palabras están consideradas en desuso.
  8. Otubre: octubre, décimo mes del año.
  9. Conceto: concepto
  10. Ño: señor, tratamiento que se antepone al nombre de un hombre
  11. Norabuena: enhorabuena
  12. Iros: ídos o íos.
  13. Papahuevos: papanatas

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